JUECES CON ANTECEDENTES : MANUEL MARCHENA GÓMEZ

 

Tribunal de la Sala Penal del Supremo que condenó a Garzón por las escuchas de la Gürtel. En el extremo de la izquierda, Luciano Varela; en el de la derecha, Manuel Marchena. Foto: Claudio Álvarez

MARCHENA VERSUS GARZÓN

Tribunal Supremo. Ponente MARCHENA. Archiva por prescripción cursos Garzon.13.03.12

En la absolución, yo te condeno
Por: José Yoldi
 

¿Hay algo más sutilmente perverso que arruinar el prestigio de una persona en el mismo acto por el que le absuelves?

Verán, el 2 de febrero de 2009 la Sala Penal del Tribunal Supremo archivó la primera querella por cohecho (soborno) y prevaricación (dictar a sabiendas resolución injusta) presentada contra el juez Baltasar Garzón por el patrocinio de los cursos celebrados en el centro Rey Juan Carlos de la Universidad de Nueva York.

El ponente de aquella resolución, que ponía fin al proceso declarando que no había habido delito en la conducta del magistrado, fue Luciano Varela. Este se mostraba contundente al señalar que era de una “abrumadora obviedad” que no había habido prevaricación y tampoco cohecho, pero hacía constar que Garzón no había comunicado al Consejo que cobraría un sueldo de la Universidad, que lo percibido podía exceder los límites fijados en la ley sobre compatibilidad y que ello podría constituir una falta disciplinaria muy grave de faltar a la verdad en la solicitud de obtención de autorizaciones.

Pero Garzón, al pedir el permiso de estudios, había especificado que estaba gestionando que la Universidad cubriera “los gastos de desplazamiento, vivienda, y mantenimiento personal y familiar”, por lo que no había mentido. Así lo había interpretado el Consejo del Poder Judicial que ya había archivado una denuncia por ese hecho presentada por el mismo letrado.

Pero Varela y sus compañeros, en la resolución por la que exculpaban a Garzón, deducían testimonio para que el Consejo actuase contra él. Debían conocer, porque lo había publicado la prensa, que el Consejo ya se había pronunciado, pero es que además, como finos juristas, estaban en la obligación de saber que incluso en el caso de que hubiera habido falta muy grave, que no la había, habría prescrito (por haber rebasado el plazo que se fija el Estado para perseguirla), porque habían transcurrido más de dos años desde que Garzón había regresado de Nueva York. En la absolución, yo te condeno.

El caso es que aunque en febrero de 2009 la querella fue rechazada porque no había delito, los abogados la presentaron de nuevo en julio y, curiosamente, esta vez sí se admitió. El juez Manuel Marchena fue nombrado instructor. Este, con tenacidad parecida a la fe del converso sometió durante dos años a Garzón a una investigación casi inquisitorial y rechazó todas las pruebas que el juez proponía para su defensa.

El fiscal mantuvo en todo momento que Garzón no había cometido delito y que el de cohecho impropio (recibir regalos por razón del cargo que se ocupa) que Marchena apreciaba “no podía soportarse en la especulación”, y era contrario al “resultado apreciable de una valoración lógica”.

Pero Marchena no se arredró y al archivar el caso por prescripción (algo que un juez del Supremo sabía que tendría que hacer al ser obvio que no había prevaricación) dejó un relato de lo ocurrido en el que arrastra la honorabilidad de Garzón por el fango, al dar por supuesto que cometió delito de cohecho impropio (el mismo que Garzón había imputado a Camps por el caso de los trajes). Un relato que no son los hechos probados de una sentencia, pero que en claro regodeo han recogido los voceros afines. Es decir, una iniquidad, de la que, tras el archivo de la causa, ya no puede defenderse. En la absolución, yo te condeno.

Varela y Marchena son dos de los jueces recusados por Garzón por falta de imparcialidad y que le han condenado en el caso de las escuchas de la Gürtel. Seguro que a la vista del resultado, Garzón hubiera preferido que le juzgara el TAS (Tribunal de Arbitraje del Deporte, que ha condenado a Contador).

Como con sutil ironía proclama un juez de derechas: “Se hace mejor doctrina cuando simplemente detestas al querellado que cuando además le aborreces”.

Y mientras tanto, el presidente del Supremo y del Poder Judicial, Carlos Dívar, puesto en la tesitura de que la condena a Garzón se convierta en el caso Dreyfus de la justicia española, hablaba en el Congreso de la Santísima Trinidad y de los mandingos. Además, como perla inolvidable, confundía el castillo de Balmoral, en Escocia —lugar de esparcimiento de los reyes de Inglaterra desde los tiempos de la reina Victoria y donde se refugió Isabel II durante la crisis de la muerte de Lady Di—, con Navalmoral. No llegó a precisar si el Navalmoral del que hablaba era de la Mata (Cáceres) o de la Sierra (Ávila), aunque tampoco importa, porque concluyó: "Yo estoy en un puesto verdaderamente difícil". Quizá le parece que con las últimas resoluciones, el buque insignia de la justicia hace agua y él se siente como el capitán del Costa Concordia. Y así nos va.

https://blogs.elpais.com/despejen-la-sala/2012/02/en-la-absolucion-yo-te-condeno.html

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