OPINIÓN E IMAGEN

LOS HIJOS DEL FRANQUISMO QUE GOBIERNAN ESPAÑA

El nuevo candidato del PP a la Presidencia de Castilla-La Mancha, propiedad del barón socialista José Bono desde hace veinte años, juega con una baza crucial en su recién estrenado currículo político: es hijo del ex presidente del Gobierno Adolfo Suárez. Esto constituye, sin duda, la gran dicha del presidente del Gobierno, José María Aznar, quien demuestra sin tapujos que siempre le ha gustado contar con apellidos de abolengo en su partido, entendiendo por ello unos antecedentes políticos que daten, por lo menos, del franquismo

Ésa no es la única razón, aunque sí la más importante, por la que Aznar ha optado por su nueva estrella y miembro de la nueva Ejecutiva del Partido Popular, surgida del XIV Congreso del PP, para lanzarlo a la dura tarea que supone tratar de arrebatarle el sillón del Palacio de Fuensalida a Bono. Amén de la capacidad política que atribuyen a Suárez Illana sus compañeros de partido, incluido el secretario general del PP, Javier Arenas, que ha llegado a decir de él que es "un ganador nato" y "un resumen perfecto de la trayectoria de su padre y de la política de Aznar", aunque sus detractores opten por atribuirle únicamente el perfil de niño bien o niño de máster en el que también encajan al yernísimo Agag, a Alejandro Ballestero, a Lucía Figar o a la mayor parte de los integrantes del llamado clan de Becerril, lo que no se puede negar es que Adolfo Suárez Jr., aunque lo ha hecho por la puerta grande, acaba de entrar en política y ya ha sido designado candidato a una presidencia regional. Por ello, aparte del brillo curricular y de las buenas intenciones ("No me presentaría a esas elecciones guiado sólo por quitarle el poder de la Presidencia a nadie. Lo importante será siempre para mí defender los ideales del Partido Popular", aclaró Suárez Illana a la revista ¡Hola! del pasado 30 de mayo), un reto como tratar de defenestrar a José Bono requiere otras armas.

El hijo de Adolfo Suárez González comenzó a labrarse su aura política en mayo de 2000, cuando protagonizó una polémica con el ex presidente socialista Felipe González, a raíz de unas declaraciones de éste en las que criticó con rudeza el papel de Adolfo Suárez como presidente en la Transición. El hijo del aludido le envió una dura carta al ex jefe del Ejecutivo por críticas vertidas hacia su padre, que fue apoyada más tarde por un total de cuarenta altos cargos de los gobiernos de la Transición. Éstos, entre los que se encontraban el ex presidente Leopoldo Calvo-Sotelo, los ex vicepresidentes Rodolfo Martín-Villa y Alfonso Osorio, el ex presidente del Congreso Landelino Lavilla, el ex presidente del Senado Antonio Fontán, el ex comisario europeo Marcelino Oreja, el ex ministro de Fomento Rafael Arias-Salgado y el actual presidente del Consejo de Estado, Íñigo Cavero, le espetaban al ex presidente socialista que "no es la primera vez que intenta, sin éxito, hacer una desenfadada invención de la historia reciente, restando méritos a Adolfo Suárez, persona que sólo elogio, respeto y admiración merece".

Suárez Illana tiene, además, una baza muy oportuna para sus aspiraciones: influencia económica y social en la tierra que desea gobernar, Castilla-La Mancha, ya que está casado desde 1998 con Isabel Flores, la hija del todopoderoso latifundista castellanomanchego Samuel Flores, dueño de una de las mayores fortunas de España y a quien visitan en su finca El Palomar, de más de 3.000 hectáreas, aparte de las otras 17.000 que posee en distintos lugares, desde el rey Juan Carlos, que en El Palomar, precisamente, cazó el récord nacional de venado, hasta los toreros de más renombre (Enrique Ponce, íntimo de Suárez Illana; Miguel Báez, El Litri; El Juli o Jesulín de Ubrique, muy amigo de Samuel Flores), pasando por políticos y empresarios de primera línea.

Fuentes muy cercanas al ganadero de toros de lidia sostienen, en cambio, que cuando la idea del PP de lanzar a su yerno a la candidatura por el Gobierno de la región era sólo una posibilidad, Samuel Flores manifestó su incomodidad por pasar a primera línea de fuego, pues sin duda su elevada posición económica y sus privilegiadas relaciones serán carne de cañón de primer orden para la oposición o la prensa y el dueño de El Palomar nunca ha sido amigo de conceder entrevistas ni, en general, de salir en los medios, si no es en relación con el mundo taurino o el de la caza, núcleo de sus negocios. Aparte de que sus relaciones con el barón Bono y con los alcaldes de las comarcas que rodean sus fincas, todos socialistas, siempre han sido óptimas.

El ganadero de toros de lidia y cazador de renombre, Samuel Flores, está considerado el mayor latifundista de España gracias a la posesión de extensas fincas, que van desde Albacete hasta Jaén, se gestionan con viajes entre sus helipuertos y en ellas, fundamentalmente, se dedica a la cría de reses bravas. Todo ello puede dar una idea de lo que supone la fortuna personal de este hombre, simpático y con mucha mano izquierda, según quienes le conocen. Pero, por si no fuera suficiente, no es la primera vez que al gran terrateniente se le han cuestionado las ayudas que recibe de la Unión Europea en sus sociedades Agropecuaria de Sierra Morena y Agropecuaria Andaluza, cifradas, según la Junta de Castilla-La Mancha, en cerca de 180 millones de pesetas, repartidos en subvenciones agrícolas, ganaderas, cinegéticas, por cultivos herbáceos (con Agropecuaria Andaluza) o por la llamada compensación de renta de acuíferos.

Sin embargo, el currículo, efectivamente de máster (en Derecho por la Universidad de Harvard), del hijo del ex presidente Suárez también tiene su punto, si no negro, sí de matices grisáceos, por su relación con el que fuera mediador en la fusión de las eléctricas Hidrola e Iberduero, Antonio Navalón. Suárez Illana, tras una corta experiencia en la Editorial Santillana, propiedad de Jesús de Polanco, como máximo responsable en Venezuela, regresó en marzo de 1996 a Madrid para montar el despacho Lipsen & Suárez, S.L. con dos socios más: Lipsen, de Washington, y José Fernando Navalón Sánchez, hermano del periodista y oscuro intermediario Antonio Navalón. Según relataba el diario El Mundo el pasado 19 de mayo, "Navalón cobró comisiones por valor de 7.000 millones de pesetas, que repartió entre los abogados que contrató. Uno de ellos resultó ser Adolfo Suárez padre, quien recibió 185 millones de pesetas, según se publicó", matiza El Mundo, aparte de que nunca se ha podido demostrar judicialmente que el ex presidente Suárez cobrara tales comisiones y, además, él siempre lo ha negado tajantemente. Adolfo Suárez hijo, que ocupaba una oficina en las instalaciones de Antonio Navalón, tuvo que sufrir el mal trago de enterarse en Chile de cómo en su despacho, al igual que en el resto de los departamentos de la empresa de Navalón, el 3 de marzo de 1998 irrumpía la Policía Judicial en busca de documentos sobre la fusión de las eléctricas. Sin embargo, en su departamento no se encontró nada y el sobresalto llevó a Suárez Illana a romper con José Navalón.

Dirigentes de renombre. Adolfo Suárez Illana, sin embargo, no es ni mucho menos el único que tiene en su currículo a un padre que fue presidente del Gobierno, además, no hay que olvidar, de haber ostentado Adolfo Suárez González cargos franquistas, como el de gobernador civil de Segovia (1968), director general de Televisión Española (1969), procurador en Cortes de representación familiar por Ávila en las IX y X legislaturas de las Cortes Orgánicas o ministro secretario general del Movimiento (1975), inmediatamente después de la muerte del dictador Franco y un año antes de ser nombrado por el rey Juan Carlos presidente del Gobierno, concretamente el 3 de julio del 76. Suárez, ya en su puesto de jefe del Ejecutivo, redactó la Ley de Reforma Política, aprobada por referéndum en diciembre de 1976, con la que se desmontaba el régimen franquista y se abría el camino hacia la democracia.

Otros altos cargos del Gobierno y del Partido Popular poseen apellidos más que venerados por los pocos defensores a ultranza que aún quedan en España de los métodos dictatoriales del caudillo ferrolano, por no hablar de los que ocuparon puestos institucionales de gran relevancia en la época de Franco y los ocupan en la gobernación actual, que "haberlos, hailos", como dicen en Galicia, pues allí ordena y manda quien fuera ministro de Franco, Manuel Fraga Iribarne. El presidente de la Xunta, que se jacta sin pudor, más bien con orgullo (ver El héroe se jacta de serlo), de haber ostentado cargos políticos desde la etapa franquista hasta el gobierno actual, de cuyo partido, además, fue fundador, ocupó el Ministerio de Información y Turismo (1962) del Gobierno de Francisco Franco, además de ser el embajador de España en Reino Unido (1973) y vicepresidente para Asuntos del Interior y ministro de Gobernación (1975) tras la muerte del dictador, durante la etapa de Gobierno de Carlos Arias Navarro.

Pero el apellido Fraga es un ingrediente básico en la salsa del PP, máxime al unirse al de Robles, cuando la hermana del mandatario gallego, Elisa Fraga Iribarne, se casó con Carlos Robles Piquer, otro franquista de elite: director general de Información (1962), director general de Cultura Popular (1967) y ministro de Educación y Ciencia durante el Gobierno inmediatamente postfranquista. De esta unión salieron asimismo dos nombres importantes del actual organigrama popular, ya sea de gobierno o de partido: el de José María Robles Fraga y el de su hermana Elisa, hijos y sobrinos, respectivamente de Robles Piquer y Fraga Iribarne. José María, ex secretario de Relaciones Internacionales del PP y diputado por Córdoba, abandonó ambos puestos el año pasado para ocupar simultáneamente las embajadas españolas en la Federación Rusa, en Georgia y en la República de Uzbekistán, con residencia en Moscú. Por su parte, Elisa Robles Fraga es actualmente la vicepresidenta de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones, dependiente del Ministerio de Economía. Sin olvidar, en el clan fraguista a la hija de don Manuel, Carmen Fraga Estévez, nombrada hace cinco meses secretaria general de Pesca Marítima del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Otro ex alto cargo franquista, gallego como Fraga y el propio Franco, que continúa políticamente activo es José Manuel Romay Beccaría, ex ministro de Sanidad y Consumo en el primer Gobierno Aznar y actual presidente de la comisión de Justicia e Interior del Congreso de los Diputados y presidente del Comité de Derechos y Garantías del Comité Ejecutivo Nacional del PP. Romay ostentó en la dictadura franquista los cargos de secretario general de Sanidad (1963), director del Instituto de Estudios de Administración Local (1973), subsecretario del Ministerio de Presidencia de Gobierno (1974) y subsecretario del Ministerio de Gobernación (1975). También continúa en activo el ex dirigente franquista Álvaro de Lapuerta Quintero, hoy tesorero nacional del PP y durante la dictadura secretario del Tribunal Económico Administrativo Central, jefe de la Asesoría Jurídica de la Dirección General de Seguridad y delegado especial del Ministerio de Hacienda ante los Ministerios de Gobernación y Trabajo, además de presidente de la Comisión de Obras Públicas de las Cortes Españolas, vicepresidente de la Comisión de Presupuestos y consejero del Reino y Procurador (1976).

Sin embargo, a nadie debería extrañar la larga lista de nombres populares vinculados al viejo régimen si se tiene en cuenta que al presidente del Gobierno, José María Aznar, le viene el apellido de acérrimos colaboradores de Franco, y, evidentemente, a su hermano, Manuel Aznar, nombrado recientemente agregado laboral en la Embajada de Roma, pero que también trabajó como interino en la Dirección General de la Función Pública durante el régimen de Franco. De antiguo, su abuelo Manuel Aznar Zubigaray ocupó durante la dictadura la Dirección de la Agencia EFE (1958), la embajada española de Marruecos (1962) y, de regreso y hasta su fallecimiento en 1975, la presidencia del Consejo de Administración de EFE. Todo ello, después de haber recibido muchos años antes el premio de periodismo ‘Francisco Franco’ (1939) y de presidir la Asociación de la Prensa de Madrid (1955). No son pocos quienes tachan al abuelo de José María Aznar de ser por excelencia el "periodista del régimen". Y su vocación periodística, con idénticas tendencias franquistas, la heredó el hijo de Aznar Zubigaray y padre del jefe del Ejecutivo, Manuel Aznar Acedo, quien fue director de la Red de Emisoras de Radio Nacional de España (RNE) (1962), subdirector general de Radiodifusión (1964) o director de la Escuela Oficial de Radiodifusión y Televisión (1967) durante el Gobierno franquista. Tampoco la esposa del presidente del Gobierno se libra de vinculaciones familiares con la dictadura del general Franco. Ana Botella es sobrina del que fuera rector de la Universidad de Madrid (1968), José Botella Llusía, prestigioso ginecólogo que ya en 1956 ocupó la Dirección del Instituto Provincial de Obstetricia y Ginecología de Madrid.

También por una buena parte del salón en el que se celebra el Consejo de Ministros planea la sombra de Francisco Franco, puesto que un nada despreciable grupo del Gabinete Aznar lleva en sus apellidos el sello del dictador. Así, el ministro portavoz, Pío Cabanillas, es hijo único de Pío Cabanillas Gallas, procurador en las Cortes franquistas desde 1961 y, ya tras la muerte de Franco, ministro de Unión de Centro Democrático (UCD). Josep Piqué, ministro de Asuntos Exteriores, también tiene en la figura paterna a un buen representante del régimen, pues su padre, Josep Piqué, fue el último alcalde de la etapa franquista de la localidad barcelonesa de Vilanova i la Geltru, lugar de nacimiento del jefe de la diplomacia española. Jesús Posada, ministro de Administraciones Públicas, es asimismo hijo del que fue gobernador civil de Soria en la etapa dictatorial, Jesús Posada Cacho, y, por último, y quizá quien más peso franquista lleve en su apellido, el ministro de Defensa tuvo en su padre a un importante y variado colaborador del dictador. El progenitor de Federico Trillo-Figueroa fue, además de togado militar, alcalde Cartagena, procurador en las Cortes franquistas y gobernador civil de Teruel y Burgos.

El apellido Oreja es también uno de los grandes del PP con reminiscencias franquistas, pues el ex ministro de Interior, presidente honorífico del PP vasco y actual portavoz del Grupo Popular en el Parlamento vasco, Jaime Mayor Oreja, que, además, suena cada vez con más fuerza como sucesor de José María Aznar, y su hermano Carlos, consejero de Educación del Gobierno de la Comunidad de Madrid, son sobrinos del que fuera director del Gabinete Técnico del Ministerio de Asuntos Exteriores (1962) y subsecretario del Ministerio de Información y Turismo (1971), Marcelino Oreja Aguirre, actual presidente de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC). Pero Carlos Mayor Oreja no es el único madrileño de renombre franquista, puesto que en primera línea está ya el presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, bien servido en este terreno por parte de padre, abuelo y, por si no fuera suficiente, suegro. El abuelo del actual mandatario madrileño, Víctor Ruiz Albéniz, fue presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid durante la dictadura y famoso cronista del ABC, entonces de corte no menos franquista. A su vez, Víctor Ruiz es el padre del difunto José María Ruiz Gallardón, que fuera presidente de la Asociación de Consumidores (1975) y progenitor del presidente de la Comunidad de Madrid. Además, la mujer de éste, Mar Utrera, es hija del destacado dirigente del Gobierno de Franco, José Utrera Molina, que ostentó los cargos de gobernador civil de Ciudad Real (1956), de Sevilla (1962), subsecretario de Trabajo (1969) y ministro de la Vivienda (1973).

Pero, sin duda, una de las mayores redes de descendencia franquista es la que ha creado el apellido Fernández-Miranda, que lleva el actual delegado del Gobierno para la Extranjería y la Inmigración, Enrique Fernández-Miranda Lozana, hijo de Torcuato Fernández-Miranda y Hevia, director general de Enseñanza Media y Enseñanza Universitaria (1962), ministro secretario general del Movimiento (1969) y presidente del Gobierno interino (1973) durante la dictadura. Torcuato Fernández-Miranda, además, le dejó otros retoños de su familia al franquismo y al PP, pues sus sobrinos Manuel Fernández-Miranda Fernández y Alfonso Fernández-Miranda Campoamor ocuparon, respectivamente, la Subdirección General de Arqueología (1972) con el general Franco y la Dirección General de Enseñanza Superior durante el primer Gobierno Aznar.

También la ex ministra de Justicia y vicepresidenta primera del Congreso de los Diputados, Margarita Mariscal de Gante, goza de un buen pasado franquista que lleva en su apellido compuesto, ya que es hija del que fuera durante la dictadura primero policía y, después, juez del Tribunal de Orden Público (TOP), Jaime Mariscal de Gante.

El suma y sigue de los hijos del franquismo pasa asimismo por el secretario general de Empleo, Juan Chozas, emparentado con el alto dirigente del sindicalismo vertical franquista, Chozas Bermúdez. Por su parte, Gabriel Elorriaga Pisarik, secretario de Estado de Organización Territorial, miembro de la Ejecutiva del PP es hijo de Gabriel Elorriaga Fernández, jefe del Gabinete Técnico del Ministerio de Información y Turismo (1962) y gobernador civil de Santa Cruz de Tenerife (1969). También el portavoz del PP en la comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento, Gustavo de Arístegui San Román, tiene antecedentes franquistas por parte de padre y tío. El primero, Pedro Arístegui, fue director adjunto de Difusión Informativa en la Oficina de Información Informática (1967) en la etapa del general Franco, mientras que su hermano Joaquín María ocupó en la misma época la Dirección General de Política Exterior (1973) y la Dirección de Asuntos Generales, en la Dirección de Asuntos Consulares de Madrid (1974). También el subsecretario del Ministerio de Defensa cuenta con un apellido de gran sonoridad franquista: Víctor Torre de Silva y López de Letona es nieto de José María López de Letona, que fue subcomisario del Plan de Desarrolllo Económico y Social (1966) y ministro de Industria (1969)

En las comunidades autónomas también el Gobierno ha depositado a algún retoño del franquismo, como Julia García-Valdecasas, delegada del Gobierno en Cataluña e hija del que fuera polémico rector de la Universidad de Barcelona entre 1965 y 1969, Francisco García-Valdecasas, por sus actuaciones represivas protagonizadas en la aquella etapa, tal y como contó EL SIGLO (núm. del 25-31 de enero de 1999). Otro hijo del franquismo que maneja las riendas, en este caso, de Castellón de la Plana, es el presidente de su Diputación, Carlos Fabra, cuyos padre y abuelo ocuparon destacados cargos en la misma localidad bajo el mandato de Francisco Franco. Asimismo, es muy conocida en Canarias la tradición franquista de la allí llamada familia de los Jorge, cuyos miembros, según fuentes locales, pertenecen al núcleo duro del partido. Miguel Jorge, actual vicepresidente del Cabildo Insular de Gran Canaria, es hijo de un destacado concejal franquista del Ayuntamiento de Las Palmas.

Es numerosa, asimismo, la lista de ex altos cargos del primer Gobierno Aznar que descienden de franquistas de pro, si es que no lo fueron ellos mismos, como el ex ministro de Asuntos Exteriores, Abel Matutes, que, como su padre, fue alcalde de Ibiza durante el viejo régimen o Rafael Arias-Salgado, ministro de Fomento con Aznar y jefe de sección de la Descolonización en la Dirección General para Asuntos de África en el Ministerio de Asuntos Exteriores, jefe de Estudios de la Escuela Diplomática y director adjunto del Gabinete Técnico del Ministerio de Educación y Ciencia bajo el mandato de Franco. Éste, además, es hijo de Gabriel Arias-Salgado, que fue ministro de Información y Turismo desde 1951 hasta 1962. Su otro hijo, Fernando Arias-Salgado, es el actual embajador de España en Marruecos y, como su hermano Rafael, ostentó responsabilidades durante el mandato franquista: subdirector general de Investigación Científica y Coordinación (1970), subdirector general de Cooperación Internacional (1972) y asesor jurídico internacional del Ministerio de Asuntos Exteriores (1973).

Otro hijo del franquismo, Enrique Giménez-Reyna, ha sido secretario de Estado de Hacienda, cargo del que dimitió por ser el protagonista del mayor escándalo financiero del Gobierno popular, el caso Gescartera. Tanto Enrique como su hermano Francisco, que trabaja en una empresa vinculada al Ministerio de Ciencia y Tecnología, son hijos de un represivo coronel de la Guardia Civil de Málaga y amigo del padre de Aznar, cuyas operaciones contra los maquis aún se recuerdan en la provincia andaluza.

Los hijos del ex presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, y ex presidente del consejo de Administración de RENFE (1967), de la subcomisión de Industrias Químicas Básicas del II Plan de Desarrollo, incluido en la ponencia de Desarrollo Regional, de la Sociedad para el Desarrollo Industrial de Galicia (SODIGA), en 1972, y ministro de Comercio en 1975, también ostentaron cargos importantes en el primer Gobierno Aznar. El mayor, Leopoldo, fue subsecretario de Estado del Ministerio de Interior y el más pequeño, Víctor, ocupó el mismo cargo en el Ministerio de Fomento. Asimismo, Álvaro Rengifo Abad, hijo de Álvaro Rengifo Calderón, director general del Instituto Español de Emigración (1964), de Promoción Social (1966), de Comercio Exterior (1969) y de Exportación (1970) en la etapa de la dictadura y subsecretario de Comercio (1975), con Arias Navarro, fue director general de Política Comercial e Inversiones en el Gobierno Aznar.

También la que fuera directora general de Radio Televisión Española (RTVE) y eurodiputada, Mónica Ridruejo, tiene en su currículo político el ser sobrina de Félix Pastor Ridruejo, colaborador en 1975 en el área de agricultura del Gabinete de Orientación y Documentación (GODSA) promovido por Manuel Fraga, en el que llegó a presidir su comisión de Agricultura en el Gobierno predemocrático. No puede quedar asimismo en el olvido el apellido Fernández-Cuesta, en posesión del que fuera secretario de Estado de Energía del primer Gobierno Aznar, Nemesio Fernández-Cuesta, hoy presidente ejecutivo del diario ABC y vicepresidente del grupo surgido de la fusión en 2001 de Prensa Española y del Grupo Correo de Comunicación. El ex secretario de Estado es hijo de Nemesio Fernández-Cuesta, subsecretario de Estado de Comercio (1969) y ministro de Comercio (1974) en la etapa franquista y nieto del fundador, junto a José Antonio Primo de Rivera, de Falange Española (FE), Raimundo Fernández-Cuesta, además de secretario general del Movimiento (1937), ministro de Agricultura (1938), ministro de Justicia (1945), presidente del Consejo de Estado (1945), ministro secretario general del Movimiento (1951), presidente de FE y de las JONS (1976), cargo del que dimitió en 1983

EL HÉROE SE JACTA DE SERLO

Si hay alguien que conoce el arte de la supervivencia política es, sin duda, uno de los protagonistas indiscutibles de este reportaje, el presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga. Él es, asimismo, el responsable del final apoteósico del chiste que más se recita estos días en los mentideros políticos. Lo que pocos saben es que fue el propio Manuel Fraga quien lo contó en la Escuela de Estudios Políticos de Moscú, en donde fue recibido como el gurú de la Transición española durante su visita a Rusia a finales del mes de mayo y principios de este mes. En sus respuestas al auditorio de la escuela moscovita sobre su pensamiento político, Fraga hizo gala de un gran sentido del humor, que alcanzó su pleno apogeo cuando uno de los asistentes, un diputado de Siberia, confesó el impacto que le causaba el visitante, pues, dijo "si hace veinte años me dicen que estaría con un ministro de Franco, pensaría que antes podría ir a la Luna". El presidente gallego la cogió al vuelo y aprovechó para soltar "un chiste muy bueno: Franco resucita y se encuentra con un nostálgico del régimen –contó don Manuel–. El revivido general le pregunta quién gobierna en España y él responde que Aznar. ‘¿El periodista?’, replica Franco. ‘No, no, el nieto’. ‘¿Y quién es el portavoz del Gobierno?’, insiste el dictador. ‘Pío Cabanillas’. ‘¡Ah! ¿Mi ministro? Es muy inteligente’, inquiere de nuevo. ‘No, el hijo’. Franco continúa preguntando hasta que llega a Galicia. ‘¿Y quién manda allí?’, se interesa. ‘Fraga’, le revela el confidente. ‘¿Su nieto?’, supone el general. ‘No, el mismo de siempre’".


 volver