OPINIÓN E IMAGEN

AQUÍ ESTOY YO: RATO DESAFÍA A AZNAR POSTULÁNDOSE PARA LA SUCESIÓN

Rodrigo Rato sí quiere ser el sucesor y lo será si el partido se lo pide. En una inesperada entrevista, y tras una etapa de discreta actividad, el ministro de Economía ha desafiado las leyes de Aznar atreviéndose a opinar sobre la non grata sucesión y postulándose él mismo como aspirante. La osadía de Rato ya ha sido penada y no intervendrá en la Convención Popular, en la que sí lo hará la competencia, Mayor Oreja y Rajoy. Pero a Rato parece importarle poco. Alentado por unas perspectivas económicas que considera favorables para 2003, el vicepresidente cabalga en solitario hacia el sillón de La Moncloa.

Por Ana Pardo de Vera

El pasado domingo 5 de enero, Rodrigo Rato convulsionó el panorama político con la decisión, implícita en sus declaraciones al diario ABC, de tomar las riendas de su vida política con independencia de los dictados del presidente José María Aznar en lo que se refiere a un futuro nada lejano en el Partido Popular: la designación de su nuevo número uno. La frase "Estoy en condiciones de aceptar la presidencia del Gobierno si mi partido toma esa decisión", convertida sin remedio en apoteósico titular de la entrevista realizada por el director del periódico, José Antonio Zarzalejos, ha pasado, sin duda, a engrosar la lista de osadías de la historia interna del PP.

Muy seguro de sus posibilidades, parece que piensan y aun dicen la mayoría de los populares, tiene que estar Rodrigo Rato para desafiar al jefe postulándose por su cuenta y riesgo como candidato oficial a sucederle. Máxime, habiendo precedentes como el de Alberto Ruiz-Gallardón, que también osó declararse perfectamente apto para la jefatura de Gobierno, amén de mostrar su clara ambición por el trono de La Moncloa. Si no fuera por sus incuestionables aptitudes políticas, imprescindibles para el PP, seguramente el hoy flamante candidato a la Alcaldía de Madrid hubiera salido de la vida pública, y no por la puerta grande. Aun así, Ruiz-Gallardón pagó cara su insolencia y permaneció en el olvido popular durante varios años, sólo dedicado a sus tareas de presidente madrileño, hasta que Aznar le levantó el castigo, permitiéndole volver a la arena de los más grandes y encargándole sustituir a José María Álvarez del Manzano.

De momento, la respuesta de José María Aznar a las pretensiones de su vicepresidente, ministro y amigo no se han hecho esperar. Tal y como se podía suponer, a poco que se conozca el talante del jefe del Ejecutivo, al presidente del Gobierno no le han sentado nada bien estas declaraciones. Y ha tomado medidas.

La primera ha sido advertir a Rodrigo Rato a través de Javier Arenas, el cual, a decir de muchos dentro del propio PP, está deseando ser el mensajero de Aznar en todas y cada una de las ocasiones, logrando incluso crispar los ánimos de los destinatarios del correo presidencial. El secretario general del Partido Popular ha sido claro: hasta el otoño, el debate sobre la sucesión "está cerrado" y, al parecer, nadie tiene derecho a abrirlo si no es el propio Aznar.

Y para que el ministro de Economía no vuelva a caer en la tentación de hablar de lo que no debe, también debe sufrir un pequeño castigo, desde luego, no reconocido como tal, sino como mera casualidad. La tal coincidencia es que Rodrigo Rato será el único peso-pesado del PP, a los que se añaden otros dirigentes no tan pesados, que no tendrá su momento de gloria en la Convención Nacional del PP, ésa especie de minicongreso popular que se celebra este fin de semana en Madrid, los días 18 y 19 de enero, para presentar el Programa Marco Electoral del partido de cara a las autonómicas y municipales del próximo 25 de mayo.

Así, aunque en un principio, el PP llegó a la conclusión de que ningún vicesecretario general hablaría en la convención, a excepción de Jaime Mayor Oreja, máximo responsable de la redacción del Programa Marco Electoral, que debía presentarlo, al final, Mariano Rajoy también subirá al atril. ¿Por qué esa inclusión inesperada y de última hora? Porque, según Javier Arenas, en una convención nacional de un partido que gobierna no se puede obviar un tema como el del drama del Prestige. Y puesto que ha sido el vicepresidente primero quien ha encabezado el gabinete de crisis del Gobierno, deberá contar a los suyos los resultados de la gestión. Así, bajo el título Galicia, más que nunca, expondrá ante los máximos dirigentes del PP las medidas que ha puesto en marcha para paliar las consecuencias del hundimiento del petrolero. Además, el secretario general de los populares dejó bien claro a los malpensados que si Rodrigo Rato quisiera una intervención, no tendría más que pedirla.

No pidieron intervención, aunque les fue solicitada, en cambio, Alberto Ruiz-Gallardón, que hablará de la futura Ley de Grandes Ciudades en el encuentro del PP del fin de semana, o María San Gil, que contará a los presentes la situación política y social en el País Vasco. Incluso, y aquí empieza a desmoronarse la teoría de las casualidades de Javier Arenas, el ministro de Hacienda hablará en la Convención Popular. Y lo hará sobre la situación económica en España. Es evidente, comentan en el PP y fuera de él, que Rodrigo Rato debería realizar esa intervención en lugar de Cristóbal Montoro.

La clausura del acto del PP correrá a cargo de la presidenta nacional de Nuevas Generaciones, Carmen Fúnez; de la presidenta del Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), Rita Barberá; del secretario general del PP, Javier Arenas; del presidente fundador del PP, Manuel Fraga, y del presidente del partido y del Gobierno, José María Aznar. Sólo Rodrigo Rato se queda sin aplausos.

Una recuperación lleva a otra. Tras un prolongado segundo plano, incluso silencio, en 2002, el ministro de Economía ha inaugurado 2003 con fuerza. Está dispuesto a suceder a José María Aznar, y, si así fuera, no llegará al sitial popular sin su pan bajo el brazo, pues según ha manifestado en la entrevista concedida al director del diario ABC, "nuestro país se va a beneficiar más rápidamente de la recuperación económica mundial porque está en mejores condiciones de hacerlo que otros países y la recuperación se irá notando progresivamente a lo largo de este año".

Se recupera la economía del país en 2003, cree Rodrigo Rato, y se recupera al candidato, creen los demás, pues no hay que olvidar que quien es hoy el más firme aspirante, se descartaba hace más de un año como posible. Entonces, las vicisitudes del caso Gescartera mermaban la capacidad de un parlamentario brillante, que mostraba dejadez y hastío. Incluso, hace unos meses se pensaba en la posibilidad de que Rato dejase la vida pública para dedicarse a sus negocios, que, por otro lado, eran la causa de su declive político.

Pero el hoy pletórico vicepresidente segundo parece recién llegado de una cura política, justo cuando los otros dos vicesecretarios generales del PP, y candidatos también a tomar el testigo de José María Aznar, muestran su peor momento. Mariano Rajoy sigue al frente de una enorme crisis, la del Prestige, que le ha llevado, en demasiadas ocasiones ya, a perder esas formas moderadas de hacer política que tan buena prensa habían dado a su imagen de gallego eficiente y discreto, y Jaime Mayor Oreja, que al parecer también quiere, aunque no lo ha dicho, sufre en silencio el mal del error de saberse culpable en el peor momento y en la más grave de las cuestiones de la política española, el problema de Euskadi, tras favorecer involuntariamente la aprobación de los Presupuesto 2003 del lehendakari Juan José Ibarretxe.

Rodrigo Rato ha aparecido, pues, en el mejor momento, pues es ahora cuando los otros dos desparecen como los más posibles. Si a mayores, las expectativas económicas del ministro del ramo, se cumplen, podría decirse que Aznar no tiene argumentos para negarle su silla.

De momento, el ministro de la Economía española se mueve en la convicción de que "la situación está repuntando", según publicaba el diario El Mundo el mismo domingo –otra casualidad, o no– en que Rato sorprendía a la opinión pública con su firme decisión de sustituir a Aznar en 2004 si el PP se lo pide. Así, se habla en el diario de las empresas españolas, que por primera vez, no han salido de la crisis en número rojos; del sector industrial, que empieza a sacar cabeza, con la exportación, la importación, el turismo o el comercio minorista en despunte; del consumo de las familias, que se beneficiaría del alivio del sector industrial, o de una inflación negativa, pero dentro de un orden. Lo único que, al parecer, preocupa al candidato Rato es el precio del petróleo, algo que él mismo confirmó, la semana pasada, en el programa de debate de La 2 de TVE, al que Rodrigo Rato asistió para hacer un balance de primer año de los españoles con el euro y en el que, al final, pidió para el nuevo año una importante bajada del precio del barril de petróleo, por debajo de los 25 dólares. "Y si la economía repunta –concluye El Mundo–, el PP se lo jugará todo a la carta Rato. La decisión de Aznar (...) acabará pariendo este año la candidatura de Rodrigo Rato. (...) Porque Rodrigo sí quiere".

Lo que es indudable es que las inesperadas declaraciones de Rodrigo Rato han dado un vuelco al panorama de la sucesión. Y aunque ahora parece haber más luces que sombras para algunos, el presidente del Gobierno parece seguir queriendo que la oscuridad reine en este tema hasta otoño. Tal vez, razonan algunos aznarólogos, el jefe del Ejecutivo teme que una creciente influencia de Rato, si se da la bendición a sus declaraciones, dé al traste con la hiperactividad de Aznar, volcado en paliar los efectos devastadores del Prestige, tanto en la costa como en su Gabinete. Con la técnica del goteo, el presidente pretende apartar de la opinión pública el drama del hundimiento del petrolero hasta la celebración de los comicios de mayo, por ejemplo, vertiendo poco a poco sus drásticas medidas judiciales antiterroristas y contra la delincuencia. Y es cierto que desde hace unos días las portadas mediáticas cada vez dedican menos tiempo a la catástrofe del Prestige.

El brillo del candidato Rato es ahora innegable. La crisis del hundimiento del buque no le ha salpicado, y no porque se haya desentendido de ella, como sí dicen que hizo el otro candidato Mayor Oreja, sino porque trabajó, como asegura él en la polémica entrevista a ABC: "En el primero de los decretos intervino Economía porque afectaba a los créditos del ICO; he estado en Vigo, en La Coruña, en Cantabria y en Asturias reunido con los empresarios y ahora estoy con mis colaboradores y en coordinación con la Xunta elaborando un plan económico para Galicia que tenemos perfilado a finales de mes". Para aquellos que duden, además, de las posibilidades de Rato, sus partidarios los remontan al XII Congreso Regional del Partido Popular de Madrid, que se celebró en la capital el 20 y el 21 de septiembre de 2002.

Entonces, el ministro de Economía llegó después de Aznar al Palacio de Congresos y no lo hizo de incógnito, pues el acto hubo de ser interrumpido ante la salva de vítores y aplausos con los que fue recibido por los asistentes, la mayoría de ellos, puestos en pie.

¿Qué pasaría ahora si Rato tuviese una intervención en la Convención de este fin de semana? Tal vez, entre el público se adoptaría, como en el XIV Congreso del PP de enero de 2002, la técnica del aplausómetro, por la cual, cada uno de los tres vicesecretarios generales del partido sería evaluado según la intensidad y duración de los aplausos que recibiese al subir al atril. En esta ocasión, sin embargo, Aznar ha evitado que Rodrigo Rato pueda ser examinado, aunque los más escépticos argumentan que antes de la Convención Popular, todavía queda por celebrar un Comité Ejecutivo Nacional, en el que aún puede haber sorpresas que conciernan a la Convención e, incluso, a Rato.

BOTELLA, CANDIDATA

El temor o la esperanza, según quien lo piense, se ha cumplido. Ana Botella ha anunciado su entrada en la política oficial a bordo del barco de Alberto Ruiz-Gallardón. Una nave que la recibe sin saber a ciencia cierta si este grumete, recomendado por el capitán de la naviera, va a ayudar en la regata o va a contribuir al naufragio.

Durante las semanas que han transcurrido desde que el todavía presidente de la Comunidad de Madrid insinuara que la mujer del presidente le iba a acompañar en las listas a la Alcaldía de Madrid los cabreos y las alegrías en el Partido Popular se han repartido casi en partes iguales. Según todas las visiones, la nueva faceta de Botella como candidata va a tener un efecto fuerte, lo que no significa que vaya a ser positivo.

Su talante marcadamente conservador en cuestiones que deberá tratar como concejala de Asuntos Sociales se ha evidenciado una y otra vez en polémicas declaraciones acerca de cuestiones como las parejas de hecho, la no idoneidad de homosexuales y lesbianas como padres adoptivos o su defensa del alcalde de Ponferrada procesado por acoso sexual. Ese perfil amenaza con dejar al PP madrileño sin la cuota de votos de la derecha progresista o de aquel electorado sin ideología clara que pensaba entregar su voto a Ruiz-Gallardón. Por el contrario, también hay ciudadanos que no toleran el progresivo alejamiento del responsable de Madrid de las posturas más retrogradas de la derecha, hueco que bien podría llenarse con Ana Botella.

No solo se pone en duda su capacidad para restar o sumar votos, sino que en el propio partido se percibe cierto nerviosismo sobre cómo se van a desarrollar las cosas. No hay que olvidar que Botella pese a militar en la derecha incluso antes que el hoy presidente del Ejecutivo, apenas acredita más méritos para haberse ganado de golpe el puesto número tres en las listas a la capital. De hecho, finalmente se ha optado por descender a la mujer del presidente del inicial segundo puesto para intentar rebajar la sensación de vuelta a la meritocracia y así dejar a Luis Eduardo Cortés, hombre fuerte del Gobierno de Ruiz-Gallardón. Sin embargo, no parece que este restablecimiento del orden de derechos adquiridos vaya finalmente a respetar la intención ya que, de seguir adelante los planes de Génova de incluir en el Programa Marco para las elecciones del 25 de mayo la creación de una tendencia de Alcaldía de Atención a la Familia para los municipios de más de 20.000 habitantes,  Botella adquiriría mayor rango en la Alcaldía que el propio Cortés.

Además, ésta se prevé una campaña un tanto peculiar con un candidato a la Alcaldía aún presidente de la Comunidad que tendrá que atender a sus responsabilidades, y un inquilino en el consistorio del mismo partido aunque de distinta sintonía. Este escenario va a propiciar que Ana Botella pueda incluso eclipsar a un Ruiz-Gallardón que obligatoriamente tendrá que desarrollar una campaña más cauta que agresiva.

Tampoco se niega en Génova las posibles repercusiones en la carrera por la sucesión que pueden surgir de este fichaje. El candidato a la ciudad de Madrid es consciente de lo arriesgado de la apuesta por lo que todos han interpretado que se ha avenido a incluir a Botella en su equipo –o bien lo propuso para recomponer sus delicadas relaciones con Aznar, según las distintas versiones–  con la mirada puesta dentro de unos años dado que Ruiz-Gallardón nunca ha negado sus intenciones de ocupar algún día La Moncloa. Además, la creencia de que la esposa del presidente supone un poder en la sombra por su influencia sobre Aznar ha levantado suspicacias entre varios clanes del PP. Algunos cuestionan la oportunidad de este salto a la política oficial cuando su marido aún se encuentra en La Moncloa y dicen que como mínimo resultará insólito que Botella tenga que compaginar sus actividades como posible concejala de Asuntos Sociales, con sus compromisos oficiales como mujer del presidente del Gobierno. De momento, tampoco ha explicado cómo va a resolver la incompatibilidad manifiesta que supone que la nueva candidata y posible concejala de Asuntos Sociales sea presidenta de distintas ONGs y asociaciones que se benefician de subvenciones y ayudas del ayuntamiento, como es el caso de Mensajeros por la Paz, organización dirigida por el Padre Ángel y en la que la hoy ya candidata a la concejalía de Asuntos Sociales del Ayuntamiento de Madrid ocupa la presidencia de Honor.

Por V. C.

13 de Enero 2003


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